Iglesia y Convento de la Santísima Trinidad

Iglesia y Convento de la Santísima Trinidad
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El origen de este templo

Su fundación surgió por iniciativa del matrimonio alcazareño formado por Juan Guerrero Portanova y Bernarda de Úbeda y Román, a raíz de la predicación de la villa de una cuaresma a cargo de los frailes trinitarios, en 1632. Aunque el Concejo respondió favorablemente, el 14 de marzo de 1633, a la solicitud y autorización para proceder a la fundación, no faltaron dificultades para llevarla a cabo, al contar de inmediato con cierta oposición: estaba, por una parte, la resistencia de algunos clérigos y miembros de las Justicias y Regimiento de la villa que, con fecha de 18 de diciembre de 1633, rechazan la fundación por considerarla innecesaria y gravosa; y estaba, por otra, la resistencia de los franciscanos del Convento de San Francisco y del mayordomo del Convento de Santa María del Monte, casa de formación del Gran Priorato de Castilla y León de la Orden de San Juan: ambos consideraban improcedente de la fundación de un nuevo convento de Mendicantes, que había de mantenerse a expensas de una población de poco más de dos mil vecinos, en la que ya había tres conventos (uno de ellos muy pobre: el de la Concepción) y sobreabundancia de clero (ochenta y seis sacerdotes seculares y setenta frailes franciscanos, de los que cuarenta eran sacerdotes), y que contribuía también al sustentamiento de los nueve conventos de Mendicantes existentes en la comarca, todos los cuales acudían a pedir limosna a la villa alcazareña. 

Pero las dificultades mayores habían de venir de otro frente: conseguido el visto bueno del Ayuntamiento alcazareño y del cabildo de Santa Quiteria, se hicieron las necesarias gestiones para la fundación ante el Gran Prior de la Orden de San Juan y ante el Papa Urbano VIII, quienes concedieron la oportuna licencia y bula, respectivamente. Sin embargo, el 31 de diciembre de 1634 la Junta que se encargaba de la administración de las rentas del Priorato se declaraba contraria a la nueva fundación, aduciendo, además a las razones expuestas por los franciscanos y Santa María del Monte, el notable incremento que en los últimos años se había producido en el patrimonio eclesiástico, en perjuicio de la Real Hacienda, cosa que se vería acrecentada con el establecimiento del convento de trintarios, que podía adquirir y tener propiedades muebles e inmuebles. El proyecto quedó paralizado, y en 1645 el Real Consejo de órdenes se negó a dar su aprobación a la fundación. 

En el legajo 567 de los Fondos del Infante D. Gabriel del AHPR se encuentra la autorización de los Señores de Justicia y Regimiento, en ‘1633, para que se proceda a la fundación. En el mismo legajo puede verse un escrito del Secretario de Su Majestad y de Cámara de D. Juan de Austria, con fecha 8 de julio de 1645, en el que transcribe la siguiente orden del Rey: “He mandado al Concejo que no pase adelante esta fundación, ni tenga efecto”.

Sin embargo, la mediación del venerable Tomás de la Virgen, haciendo valer su influencia ante el Rey Felipe IV y su esposa, hizo posible que el 14 de julio de 1648 los trinitarios tomaran posesión de su convento alcazareño.

Don Juan Guerrero Portanova, familiar del Santo Oficio, donó 7200 ducados para fundar el convento con la condición de ser enterrado en la Capilla Mayor, y disfrutar de una serie de prerrogativas eternamente en recuerdo de su memoria, en 1647. (Archivo del Palacio Real de Madrid, Infante don Gabriel de Borbón, Secretaría, leg. 30. Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, Hacienda, Clero, Caja 798).

La nueva iglesia se bendijo en 1703, regentada por Trinitarios Descalzos, se construyó gracias a la ayuda y colaboración del cardenal D. Luis Manuel Fernández de Portocarrero, Arzobispo de Toledo, Primado y Regente de España, a la muerte de Carlos II.

Esta construcción, de estilo barroco, se dedicó a Nuestra Señora de Gracia y con ella se unió Alcázar a la reforma trinitaria de San Juan Bautista de la Concepción.

El convento fue suprimido en 1821, debido a las disposiciones religiosas del Trienio Constitucional y tuvieron que exiliarse en Socuéllamos. 

El convento y la Orden no escapan de la Desamortización de Mendizábal. El edificio se sacó a pública subasta, su valor de tasación fue de 11.697,29 ptas. y al no haber comprador, la administración local autorizó a varios vecinos para que lo habitasen. El convento fue cerrado y la Orden quedó extinguida en nuestro país, refugiándose algunos religiosos en el Convento de San Carlino de Roma. 

El 26 de febrero de 1836, las llaves fueron entregadas al alcalde de Alcázar y al vicario de la Diócesis y el edificio se sacó a pública subasta, pero nadie lo adquirió, por lo que se dio permiso a varios vecinos para que lo ocupasen. 

En la iglesia se venera la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la que la reina Isabel II donó una túnica bordada en oro. La inscripción dice así: “SS.MM. los Reyes Católicos Doña Isabel II y Don Francisco de Asís a Nuestro Señor Jesús Nazareno venerado en la Iglesia de Trinitarios de Alcázar de San Juan- Madrid- 1861”. 

Para la Orden Trinitaria, Alcázar de San Juan es uno de sus más gloriosos conventos, pero ante todo, este convento está indisolublemente unido al hecho de ser la primera casa de la Restauración. Tras un angustioso y largo período de 43 años de ausencia, en 1879, se abren de nuevo las puertas de la Casa de la Trinidad de Alcázar gracias al Padre Félix Coronado y Beteta, nacido en Alcázar de San Juan. El será el promotor de la Restauración de los Trinitarios en España, y Alcázar de San Juan, en la provincia de Ciudad Real, el primer convento restaurado. Durante estos años de exclaustración algunas dependencias se dedicaron a viviendas para personas necesitadas y otras llegaron a ser utilizadas como escuelas municipales.