Santa Quiteria Virgen y Mártir


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El origen de este templo
La Iglesia de Santa Quiteria se construyó tomando parte sobre otra iglesia, que ya era parroquia en 1511.
La vieja iglesia se fue quedando pequeña, y debido al aumento de población que iba experimentando Alcázar, en 1587, por decisión del Concejo de Alcázar se comenzó a construir sobre planos de Juan de Herrera, traídos por el arquitecto alcazareño Miguel Barroso, que trabajó en el Escorial.
La construcción la comenzó Juan de Oza, pero no debiéndole gustar al Concejo el 20 de agosto de 1587 trató de la ejecución de la obra, con el maestro Rodrigo de Argüello, obligándose la villa a darle cada año 500 ducados, toda la piedra y demás materiales necesarios, con la condición de derribar cuanto tenía edificado Juan de Oza y sus compañeros. No hubo Argüello de concluirla en cuanto que previsión del Consejo Real del 8 de marzo de 1593, consta que en el 12 de agosto de aquel año remató la obra Andrés de Hastían a nombre de Bartolomé de Elgorriaga, en 18000 ducados con obligación de arreglarse en todas partes a la traza de Herrera, finalizando la construcción en el año 1604.
La capilla de la Virgen del Rosario era obra de Francisco Mazas, maestro de cantería, que trabajaba en el Monasterio de Uclés. Se realizó en el año 1619. Otra capilla importante era la de los Romeros, dedicada a la Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
A pesar de ser la iglesia de Santa Quiteria, una iglesia de la Orden de San Juan, esta cruz de Malta no aparece esculpida en ninguna parte del templo, muy al contrario de lo que observamos en la iglesia de Santa María. Aunque nos queda la duda, de si aparecería esculpida en la mencionada capilla de la Virgen del Rosario. Manuel Rubio Herguido, en su obra sobre Alcázar, busca la razón en la Concordia de 1698, dictada por el Concejo del Ayuntamiento, que dice así “Cansadas ambas dignidades de la guerra de más de dos siglos…”. Esto se debía a la gran disputa que había entre las dos parroquias existentes en la villa, debido a que en la parte de Santa María estaba el Gobernador, lugar teniente del Gran Prior, señor del Priorato y en la de Santa Quiteria, el Vicario Apostólico, representante plenipotenciario del Arzobispo de Toledo, máxima autoridad espiritual de estos territorios, en continua pugna ambas dignidades por cuestiones de competencia. Por lo que deduce dicho autor que: “entre ellas, se encontraba el Concejo, siempre dispuesto, desde la Torre del Ayuntamiento, a defender sus derechos y libertades y suponemos que, en este estado de cosas, no tendría mucho interés en grabar el símbolo de la Orden de San Juan en una parroquia regida por el Vicario de la Archidiócesis”.
Don José de Zaro y Mayo, discípulo de D. Manuel Virnés, a finales del siglo XVIII, pintó para esta Parroquia un Jesús de Nazareno y un San Francisco de Asís.
En el año 1725 el Vicario Arzobispal de Toledo nombra por segunda patrona de Alcázar de San Juan a Santa Quiteria Virgen y Martir, y manda que el día 22 de mayo fiesta de dicha Santa sea de guardar para Alcázar. En el año 1735 se coloca una campana en la torre de esta parroquia con una inscripción que dice “Santa Quiteria Virgen y Mártir, Patrona de esta Villa ruega por nosotros, año 1735”.
En 1785, un incendio causado por un rayo dañó gravemente el edificio, lo que llevó a su reconstrucción en 1796. En 1845 la torre amenazaba ruina. A lo largo de su historia, el templo ha sufrido varios desastres, incluyendo un derrumbe en 1921 que destruyó gran parte del edificio y la torre campanario, así como la pérdida de reliquias y archivos durante la Guerra Civil.
Arquitectura
La Iglesia de Santa Quiteria es un notable ejemplo de la arquitectura del primer barroco clasicista, enriquecida con influencias renacentistas y elementos árabes. Su construcción comenzó en la segunda mitad del siglo XVI, basándose en planos de Juan de Herrera, el célebre arquitecto de El Escorial, traídos por Miguel Barroso, un pintor y arquitecto alcazareño que trabajó junto a Herrera. El proyecto original pasó por diversas manos: Agustín Argüello y Bartolomé Elorriaga continuaron la obra tras la renuncia de Juan de Uza, siendo finalmente completada en 1604.
El exterior del templo se caracteriza por su austeridad y el uso predominante de sillares de arenisca rojiza, material típico de la región. Presenta dos entradas opuestas, siendo la principal la más destacada: una puerta de diseño clásico situada en la fachada sur, compuesta por un arco de medio punto flanqueado por columnas sobre podio, un entablamento, y un templete con hornacina rematado por un frontón curvo. La altura de la nave central y el cimborrio con sus cubiertas de teja curva a dos y cuatro aguas destacan en el conjunto. Interior
El interior de la iglesia tiene una planta de salón con tres naves de distintas alturas, conectadas por arcos de medio punto que se apoyan en pilastras con capiteles dóricos. La nave central está cubierta por una bóveda de cañón con lunetos, mientras que el crucero se corona con una cúpula de media naranja apoyada sobre pechinas decoradas con motivos Sanjuanistas. La capilla mayor, situada en la cabecera y ligeramente elevada, se cubre con una bóveda de medio cañón y presenta una pequeña sillería de madera en lugar de un retablo.
Entre los elementos interiores más destacados se encuentra la Capilla de los Romeros en la nave del evangelio, con una entrada de piedra ricamente decorada con motivos platerescos. El coro se sitúa elevado a los pies de la nave central, soportado por un arco rebajado. La decoración interior alterna colores blanco y rojo, evocando la influencia de la Mezquita de Córdoba.
Estado Actual
Actualmente, la iglesia se mantiene como un ejemplo de la fusión de estilos que marcaron su construcción, desde el clasicismo de Herrera hasta las influencias renacentistas y árabes visibles en su decoración y estructura. Aunque la torre original desapareció, las campanas se conservan en el interior del templo. La iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1991, preservando así su legado histórico y arquitectónico.
La Iglesia de Santa Quiteria sigue siendo un testimonio de la riqueza cultural e histórica de la localidad, una mezcla de estilos y épocas que refleja los avatares de su historia y la devoción de sus habitantes.
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