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Las cofradías penitenciales y la Santa Veracruz

Información

Trento y el furor constructivo

A pesar de la crisis económica, en Alcázar —ciudad próspera y cabecera de la orden militar— se produce en el siglo XVII un gran furor constructivo. Tras el Concilio de Trento nos encontramos con una iglesia renovada por la Contrarreforma, que pretende demostrar a los fieles la grandeza de Dios e intenta atraerlos a su seno; para ello el arte se convierte en un formidable instrumento de propaganda orientada a la “captación de las masas”.

En ese clima, durante los siglos XVI y XVII se crean en Alcázar varias cofradías penitenciales y de caridad, que llegan a edificar incluso capillas propias.

La cofradía y la ermita de la Santa Veracruz

Con la llegada, en 1532, de los frailes franciscanos, grandes propagadores de la Santa Veracruz, surgirá la cofradía de Alcázar. Se tiene noticia de su existencia desde, al menos, 1601, pues en el testamento de doña Teresa de Mendoza ésta hace donaciones a la Cofradía de la Veracruz, así como a otras de la localidad.

La cofradía de la Veracruz contó con capilla o ermita propia en la calle de San Francisco, donde se veneraban las imágenes del Cristo de la Veracruz, Jesús orando en el Huerto, el Cristo de la Columna y la Virgen de la Soledad.

La Antigua y Real Hermandad Sacramental

La Antigua y Real Hermandad del Santísimo Sacramento y Dulce Nombre de Jesús tiene sus orígenes en el siglo XVI. El documento más antiguo encontrado en el Archivo Histórico de Alcázar de San Juan que la menciona está fechado en 1603 y recoge el acta testamentaria de doña Teresa de Mendoza, emparentada con el virrey del Perú don Antonio de Mendoza —las fuentes discrepan sobre si era hija o hermana suya—. Doña Teresa, casada con el hidalgo alcazareño don Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, pide en sus últimas voluntades que acompañen su entierro los hermanos de esta Hermandad; su cuerpo fue sepultado en la parroquia de Santa María la Mayor. Esta misma familia enlaza con la tradición cervantina de la villa, como puede leerse en Cervantes y Alcázar.

En 1687, don Diego de Sanabria, fundador de la capilla de Santo Domingo Soriano —hoy Museo Municipal—, hace donación en su testamento a la Hermandad del Santísimo Sacramento. Otro testamento, el de doña María de Arteaga, en 1710, le dona unos terrenos en tierra de mina al lado del Humilladero.

La Hermandad tenía una regla singular: solo podían pertenecer a ella treinta y tres personas, en recuerdo de la edad de Cristo, y el número era inamovible, de modo que únicamente se ingresaba cuando un hermano fallecía o renunciaba. Su fiesta principal era el 1 de enero, con motivo del Dulce Nombre de Jesús: aquel día se convocaba a todos los hermanos, que introducían una limosna preestablecida en una papeleta, doblada numerosas veces y cruzada con un hilo, que se depositaba en una bandeja dispuesta al efecto en la iglesia. Celebraban también la solemnidad del Corpus Christi y procesiones de Minerva todos los cuartos domingos de mes, con exposición mayor del Santísimo y procesiones claustrales.

Ya en el siglo XVIII, la Hermandad pidió permiso al Concejo para derribar un trozo de la muralla y dar así más vistosidad a la procesión del Corpus, facilitando que pudiera llegar hasta la parroquia de Santa Quiteria. Según los documentos, pertenecieron a ella príncipes e infantes que, por su condición de priores de la Orden, tenían vínculo con la villa, como don Juan José de Austria, el infante don Gabriel de Borbón o Manuel Filiberto de Saboya, en unos años en que Alcázar era capital del Priorato y Santa María, Colegiata Prioral.

De esta antigua hermandad se conserva en Santa María la Mayor su altar: un retablo del siglo XVIII donde hoy se venera a San Blas Mártir, que se salvó de la destrucción de la guerra civil por encontrarse en el altar mayor y ser éste respetado. También se conserva una pequeña talla del Dulce Nombre de Jesús, del mismo siglo.

Otras cofradías del periodo

Junto a ellas funcionaban en la villa otras hermandades que han llegado hasta hoy y que cuentan con ficha propia:

También las cofradías sostenían instituciones asistenciales: la Ermita y Hospital de Nuestra Señora de la Caridad, conocido como “Casa de la Caridad” y uno de los más antiguos de los que se tiene noticia, era propiedad de la Orden de San Juan y estaba regentado por la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad.

(Bibliografía: Francisco Antonio Mazuecos Serrano, Semana Santa 2009; Semana Santa 2002, Boletín de las Cofradías de Alcázar de San Juan; Porfirio Sanz Camañes, La Monarquía Hispánica en tiempos del Quijote, 2005.)