Cervantes y Alcázar
Información
La partida de bautismo
En la página 21 del libro bautismal de la Parroquia de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan, correspondiente al periodo 1556-1635, se encuentra la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra. El texto que puede leerse es el siguiente:
“En nuebe días del mes de nobiembre de mil quinientos y cincuenta y ocho baptizó el Rdo. Señor Alº Díaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso (de) nombre Miguel, fue su padrino de pila (…) de Ortega, acompañados (de) Juan de Quirós y Francisco Almendros y las mujeres de los dichos”.
Al margen izquierdo, con grafía distinta, figura la anotación “este fue el autor de la Historia de don Quixote”, atribuida a don Blas Antonio Nasarre y Férriz, paleógrafo y Bibliotecario Real, que llegó a Alcázar en 1748 a registrar los archivos parroquiales. En el mismo libro figuran inscritos sus hermanos Tomás, Leonor y Francisco, y en esa parroquia se conserva la pila bautismal donde, según la tradición alcazareña, fue bautizado el escritor. En una de las paredes laterales del baptisterio se encuentra hoy la lápida conmemorativa del bautismo, colocada en 1905 con motivo del III Centenario de la publicación del Quijote.
La casa natal y la memoria de la villa
La tradición alcazareña ha situado, siglo tras siglo, la casa natal del escritor en la plaza de las Rubias y los Rosqueros —hoy plaza de Cervantes—, en la esquina que da a la actual calle de Santo Domingo. El edificio, en estado ruinoso, fue demolido en los años sesenta del siglo XX.
Aquella plaza fue el epicentro de las tradiciones cervantinas de la ciudad: en ella vivieron de forma simultánea familias apellidadas Cervantes, Saavedra, Barchino o del Pozo. El 9 de noviembre de 1879, don Juan Álvarez Guerra y Peña levantó allí a su costa un pedestal piramidal con un busto del escritor, en cuyo interior depositó una caja de zinc con las copias de las dos partidas de bautismo, monedas, actas municipales y recortes de prensa sobre la defensa de la opción alcazareña. El Ayuntamiento acordó demolerlo en 1894. En 1905, durante el III Centenario, ya existía un segundo pedestal en forma de torreón, y la ciudad celebró una cabalgata en la que participaron más de siete mil personas; también aquel monumento fue derribado, en 1914, sustituido por una lápida de mármol en la fachada de la casa.
La cadena de la tradición
La tradición fue recogida por el trinitario Fray Alonso Cano y Nieto (Mota del Cuervo, 1711 - Segorbe, 1780), Ministro Provincial de Castilla de su Orden, académico de número de la Real Academia de la Historia y obispo de Segorbe, dignidad a la que le promovió Carlos III por haber redimido a más de mil cautivos de Argel. Fray Alonso conoció la tradición a su paso por el convento que los trinitarios tenían en la villa.
De él la tomó don Vicente de los Ríos, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española, que la incluyó en los proemios que escribió para las ediciones del Quijote de 1780 y 1787: “En virtud de las razones expuestas se inclinaron muchos sujetos de sólido juicio a creer que Alcázar de San Juan fue la patria de Cervantes. Entre estos merece un distinguido lugar el erudito Ilustrísimo Señor Don Fray Alonso Cano, Obispo de Segorbe, que inquirió con la exactitud propia de su sabia crítica el origen e historia de la mencionada tradición”.
El propio Fray Alonso Cano explicó cómo se había transmitido, en una cadena de juristas alcazareños que se remonta a finales del siglo XVII:
“Don Juan Francisco Ropero, Agente Fiscal de la Cámara de Castilla, que en Alcázar de San Juan, su patria, fue pasante de un célebre abogado llamado Quintanar, aseguraba haberle dicho éste repetidas veces al pasar por una de las casas del lugar: esta es la casa donde nació Miguel de Cervantes Saavedra autor del Quixote, y le prevengo a Vm. con el mismo fin con que a mí, siendo mozo y pasante del Doctor Ordoñez, me lo decía éste, pasando igualmente por aquí, es a saber, para que se conserve la tradición”.
La pasantía de Quintanar con el doctor Ordoñez fue por los años de 1690, siendo éste ya muy anciano, de lo que se infiere que pudo haberlo oído de quienes conocieron a Cervantes. Los tres eran personajes de peso: Juan Francisco Ropero y Tardío, hidalgo, abogado de los Reales Consejos, administrador del infante don Gabriel y alcalde mayor de la villa en 1742; Francisco Quintanar y Úbeda, eclesiástico y asesor real, que legó sus bienes para el pósito de cereales conocido como Pósito Quintanar; y Rodrigo Ordoñez de Villaseñor, abogado del Santo Oficio de la Inquisición de Toledo y uno de los dos que defendieron a Alcázar en el pleito con Herencia por la dehesa de Villacentenos.
Los argumentos de la tradición alcazareña
Han estudiado esta tradición cervantistas como Manuel Rubio Herguido, Francisco Saludador Merino, Ángel Ligero Móstoles y Rafael Mazuecos Pérez-Pastor. Sus argumentos principales:
- La cronología de los hallazgos: cuando Nasarre anotó la partida alcazareña, la partida de Alcalá aún no se conocía. La primera pista la dio el benedictino Fray Martín Sarmiento, que leyó en la Topographia e Historia general de Argel del padre Fray Diego de Haedo (Valladolid, 1612) el pasaje que dedica a “un Miguel de Cervantes, caballero principal de Alcalá”; siguiendo ese indicio, Agustín Montiano y Luyando encontró la partida de Alcalá en 1753, ya fallecido Nasarre. Nasarre, pues, no anotó la partida alcazareña para polemizar con nadie, y era una auténtica autoridad paleográfica de su tiempo.
- El apellido Saavedra, que el escritor usó siempre, sin la preposición “de”, como corresponde a un apellido paterno, no aparece en toda la rama masculina de los Cervantes alcalaínos, ni siquiera en los documentos de la Chancillería de Valladolid descubiertos por Narciso Alonso Cortés; en la partida alcazareña, en cambio, el padre figura como Blas de Cervantes Saavedra.
- El padre del Cervantes de Alcalá usó el apellido “Carvantes”, así consta en la partida de rescate y en la de su hermana, y Menéndez Pelayo señaló una raspadura en la partida de Alcalá.
- Los apellidos de Cervantes Saavedra figuran en la partida de la iglesia alcazareña, no en la de Alcalá.
El pleito de Villacentenos y los personajes del Quijote
La investigación de Ángel Ligero Móstoles añade otro capítulo: el «Pleito sobre la dehesa de Villacentenos», que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, en el que litigan la propiedad de la misma don Jerónimo de Ayllón, tesorero del Gran Prior de la Orden de San Juan don Diego de Toledo, de una parte, y el Concejo de Alcázar, de la otra. Don Jerónimo era propietario como heredero de su tío don Pedro Barba, hijo de Juan López Caballero, que la había recibido como recompensa por los servicios prestados al Gran Prior de Castilla y León, don Juan de Valenzuela, cargo otorgado por Enrique IV. Este Pedro Barba fue incorporado a las fuerzas de la reconquista de Andalucía y murió en Granada, frente a los moros.
La conexión con el Quijote es directa. En el capítulo XLIX de la primera parte, don Quijote increpa al canónigo que duda de la veracidad de los hechos de los caballeros andantes: «Si no, díganme también que no es verdad que fue caballero andante el valiente lusitano Juan de Merlo […]; y las aventuras y desafíos que también acabaron en Borgoña los valientes españoles Pedro Barba y Gutierre Quijada (de cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varón), venciendo a los hijos del conde de San Polo».
Tanto la existencia de Pedro Barba como la de Gutierre Quijada está atestiguada por Juan de Mena, cronista de Enrique IV. El propio Luis Astrana Marín relata en su Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra cómo salieron del reino de Castilla dos caballeros, Gutierre Quesada y su primo Pedro Barba, con destino a la corte del duque Felipe de Borgoña para batirse con Micer Pierres y Micer Jaques, hijos bastardos del conde de San Polo; por enfermedad de Pedro Barba solo Gutierre Quesada pudo batirse, venció a Micer Pierres y el rey Juan II le concedió el privilegio de colocar en la parte inferior de su escudo el busto del borgoñón vencido.
El apellido está en el origen mismo de la villa: en un pergamino de 1417 conservado en el Archivo Histórico Municipal, el rey Juan II y la reina doña Catalina confirman el privilegio que otorgó en 1308 a Alcázar Frey Arias Gutiérrez Quijada, Lugarteniente del Gran Maestre —el documento que dio origen a las Ordenanzas de Alcázar—. En el dorso de ese pergamino alguien escribió: “Privilegio que otorgó a la villa de Alcázar Frey Arias Gutiérrez Quijada al que otros llaman Quesada”, precisamente los dos sobrenombres que Cervantes duda en dar a su hidalgo.
Tampoco es desdeñable la coincidencia entre el nombre del marido de Catalina Vela, Juan de la Cuesta, y el del impresor del Quijote. En el mismo pleito puede leerse que Juan de la Cuesta respondía también a un segundo nombre de origen materno, Garci Pérez de Ribadeneyra. Ante este baile de nombres, ya no resulta extraño que el propio Cervantes no esté seguro de si su hidalgo se llama Quesada, Quijada o Quejana; y si la mujer de Sancho Panza o Zanca se llama Teresa Panza, Mari o Juana Gutiérrez.
El pleito da cuenta de otros personajes. Uno muy conocido es Juan Palomeque el Zurdo, dueño de la venta donde mantearon a Sancho por no pagar: «…el ventero oí que se llamaba Juan Palomeque el Zurdo» (I, XVIII). Pues bien, este Juan Palomeque pudiera ser el que se cita en el Archivo Parroquial de la Iglesia de Santa María (Libro de Bautizos, I, 1551) como testigo en un bautizo. Otro personaje localizable es el morisco Ricote, al que Sancho encuentra al abandonar el gobierno de la ínsula Barataria: en el Libro I de Bautizos de la parroquia de Santa María figura la inscripción «El padre Pedro Díaz bautizó un hijo de Juan Rico y de su mujer Francisca de Madrid. Llámase Joan», fechada en 1570; en el diálogo que Ricote mantiene con Sancho le dice: «En resolución, Sancho, yo sé cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, tengo más de cristiano que de moro» (II, LIV).
Los Ayllón y el hidalgo que perdió el juicio
La genealogía de esta familia, reconstruida por la Sociedad Cervantina de Alcázar, enlaza con el escritor de forma sorprendente. Don Juan López Caballero, al servicio del Gran Prior don Juan de Valenzuela, casó con doña Inés de Cabrera, hija del marqués de Moya, y tuvo tres hijos: Pedro Barba, Juan Barba y Catalina Vela. Un nieto suyo, Jerónimo de Ayllón, casó con Ana Gutiérrez de Quesada, y de ese matrimonio nació Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, que contrajo matrimonio con doña Teresa de Mendoza. Tuvieron tres hijas: María, Isabel y Clara; e Isabel casó con Pedro de Cervantes, primo hermano de Miguel de Cervantes Saavedra.
En su testamento, dictado en 1601, Teresa de Mendoza declara estar seriamente preocupada por el estado mental de su marido, del que dice “que no tiene juicio y tiene la hacienda perdida”, y pide a las justicias que nombren tutor de su hija Clara, de ocho años, a su yerno Pedro de Cervantes. Nombra albaceas al propio Pedro y a su padre, don Antonio de Cervantes, hermano de Blas de Cervantes, el padre del Miguel bautizado en Santa María.
La coincidencia con el arranque del Quijote es difícil de pasar por alto: «Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años… Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada», y «los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año- se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que se olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aún la administración de su hacienda». Un hidalgo alcazareño apellidado Gutiérrez de Quesada, del que su mujer declara ante notario que ha perdido el juicio y la hacienda.
Doña Teresa de Mendoza fue sepultada en la parroquia de Santa María la Mayor.
El expediente completo puede consultarse en la web Alcázar Cervantino.
(Bibliografía: Manuel Rubio Herguido, Alcázar de San Juan. Corazón de la Mancha, Editorial Clunia, 1983; Francisco Saludador Merino, Noria. Cuadernos de Temas Alcazareños, nº 4, 1965-1966; investigación de Ángel Ligero Móstoles recogida en las Actas del Congreso “Cervantes, El Quijote y Andalucía”, Sevilla, 2005; Manuel Rubio Morano, Sociedad Cervantina de Alcázar, “Plaza de las Rubias y los Rosqueros, hoy de Cervantes, de Alcázar de San Juan”, 2022; Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra.)
