Santa Gema Galgani

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11 de abril, fiesta de Santa Gema Galgani su imagen se venera en el retablo de la Virgen del Carmen en la iglesia del Convento de la Stma. Trinidad de Alcázar de San Juan.
Santa Gema es patrona de los estudiantes, los farmacéuticos y los paracaidistas. También lo es de aquellos que han perdido a sus padres; de los que sufren dolores o lesiones en la espalda, dolores de cabeza o migrañas; de aquellos que luchan contra las tentaciones de la impureza o aspiran a crecer en pureza del corazón.
Santa Gemma nació en Camigliano (Italia) el 12 de marzo de 1878. Sus padres fueron el farmacéutico don Enrique Galgani y doña Aurelia Landi. Fue la cuarta hija de ocho hermanos. Desde niña dejó en evidencia que poseía un piadoso corazón, formado gracias a los cuidados espirituales que su madre, Aurelia, le brindaba.
Doña Aurelia le inculcó el amor a Cristo crucificado y a la Virgen María. Solía tomarla en brazos mientras le hablaba de Jesús con un crucifijo en la mano. Como muchísimos padres, la animaba a hablar con Jesús y a dar gracias por todo el amor que Él ha mostrado por los hombres. Y vaya que Gemma aprendió mucho. A pesar de su corta edad, el obispo de Camigliano, Mons. Volpi, accedió a que recibiera la primera comunión antes de tiempo, dada su madurez.
Tiempo después, Aurelia enfermó y empezó a sentirse muy mal. Dada su precaria situación pensó que podía morir. Ese tiempo coincidió con la preparación de Gemma para recibir el sacramento de la Confirmación. Entonces, la madre encomendó a Gemma al cuidado del Espíritu Santo. La Confirmación le sería administrada a la jovencita en 1885 por el obispo de Lucca, Mons. Nicolás Ghilardi.
A los dieciocho años, Gemma también perdió a su padre. Poco después, fue recibida en casa de sus tíos. Allí, los incontables quehaceres de la casa la absorbieron a tal punto que descuidó su vida de fe. Al poco tiempo fue contratada por la familia Giannini como ama de llaves y así que la joven se mudó con ellos a Lucca. Allí conoció e interactuó con la hoy ‘venerable’ María Eugenia Giannini, quien años después, tras la muerte de Gemma, fundaría una congregación a la que puso el nombre de “Hijas de Santa Gemma”.
A los 20 años, Gemma enfermó gravemente de meningitis. Ver peligrar su vida fue una oportunidad para acercarse a Dios nuevamente. Gemma se salvó providencialmente de morir y atribuyó su curación a un milagro de San Gabriel de la Dolorosa, en ese momento en condición de venerable. San Gabriel había sido un fervoroso religioso pasionista, lo que indujo a Gemma a conocer la espiritualidad de esa Orden. Aunque hizo un intento por integrarse a los Pasionistas, no fue aceptada por su precaria salud.
Jesús le concedió innumerables gracias a Gemma, entre las que se contaban experiencias místicas de su Pasión. La joven recibió también los estigmas, que aparecían en su cuerpo solo por periodos de tiempo determinados. Compartir las llagas y sufrimientos del Salvador la unió mucho más a Jesús, su modelo de entrega por amor a los pecadores.
Finalmente, la santa cayó gravemente enferma -probablemente de tuberculosis-. Gemma ofreció un último sacrificio por la conversión de un sacerdote caído en desgracia espiritual. Este, al enterarse de lo que la joven había hecho por él, recapacitó y pidió perdón dos días antes de que Dios lo llamara también a su presencia, de manera sorpresiva.
Santa Gemma murió el 11 de abril de 1903, en Sábado Santo. Le fue administrada la extremaunción y alcanzó a colocar los brazos imitando a Cristo en la Cruz. Después, exclamó: “¡Jesús!.. ¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!”, y volviéndose a la imagen de María, añadió: “¡Madre mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma…Dile que tenga misericordia de mí”.
ORACIÓN COMPUESTA POR SANTA GEMA Aquí me tenéis postrada a vuestros pies santísimos, mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante mi reconocimiento y gratitud por tantos y tan continuos favores como me habéis otorgado y que todavía queréis concederme. Cuantas veces os he invocado, ¡oh Jesús! me habéis dejado siempre satisfecha; he recurrido a menudo a Vos, y siempre me habéis consolado. ¿Cómo podré expresaros mis sentimientos, amado Jesús? Os doy gracias…; pero otra gracia quiero de Vos, ¡oh Dios mío!, si es de vuestro agrado… (aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir). Si no fuerais todopoderoso no os haría esta súplica. ¡Oh Jesús!, tened piedad de mí. Hágase en todo vuestra santísima voluntad.
Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
